Massimo se levantó, tomo un baño y salió para casa de Federico Santoro, el hombre difícilmente era de los que tomaban hasta embrutecerse, pero en esta ocasión, la culpa lo carcomió hasta llegar al punto de perderse en alcohol, no era la mejor manera de resolver las cosas, pero al menos callaba la voz interna de la culpa.
Luego de conducir por más de 30 minutos, finalmente llego, al tocar el timbre fue atendido por Federico, el cual con semblante neutral le permitió el paso y lo dirigió a donde M