Tras el banquete de boda, fuimos directamente al aeropuerto para volar a Hawái. Aún no me lo creo: lo que Marcus le había dicho a Maximilian era cierto —íbamos a pasar la luna de miel en Hawái. ¡Yo ni siquiera sabía que había luna de miel planeada!
¿Podría pasar algo entre nosotros?
Pensé que viajaríamos en un avión comercial, pero me sorprendió cuando se nos acercó un empleado del aeropuerto. Seguí a Marcus en silencio desde atrás. Al salir, nos esperaba un jet privado. Claro, es comprensible: