Lo sabía; otra vez no voy a poder moverme bien. Me desperté temprano con el estómago rugiéndome. Recordé que no cené, y Marcus y yo perdimos la noción del tiempo. Debe de ser de madrugada porque escuché al gallo cantar afuera. Me quedé dormida enseguida después de lo de anoche; mi cuerpo ya no podía más. ¿Cuándo me acostumbraré a Marcus? Parece que siempre termino adolorida por culpa de mi marido. ¡Él nunca se cansa!
Suspiré y con cuidado aparté el brazo de Marcus que estaba sobre mi cintura. A