Miro a mis amigos de vez en cuando mientras narro como sucedió todo, desde aquella noche en que bebí para conservar mi empleo hasta el día en que me rescato de ser ultrajada por un desconocido.
Las expresiones de mis amigos van de la sorpresa, al horror, hasta pasar al escepticismo.
Ninguno de los dos se atreve a decir nada, ni siquiera para hacer preguntas, aunque sé que tienen mucho que preguntarme, se nota en sus rostros. Cuando termino, trago saliva y también derramo un par de lágrimas por