Mi instinto me dice que no ceda ante su presión, no porque seamos amigos debo aceptar cenar con él, pero precisamente hoy, no tengo cabeza para pensar coherentemente, por lo que asiento no muy convencida de mi propia respuesta.
Subimos por las escaleras, trago saliva, porque estar cerca de Aidan me pone nerviosa, incluso si no lo veo, mi mente no se cansa de repetirme lo que vive con él, ya no bajo la influencia del alcohol, sino de la pasión.
Al llegar al segundo piso, veo la puerta de Aidan