Me levanto de la cama, cojo mi ropa y me visto rápidamente, sintiendo la urgencia de salir de esta habitación. Con cuidado, abro la puerta y me asomo al pasillo del hospital. No hay nadie a la vista. Aprovecho la oportunidad, salgo andando hacia la recepción.
Cuando estoy a punto de llegar, una voz familiar me detiene.
—Mía, ¿a dónde crees que vas? —pregunta William, mirándome con una mezcla de sorpresa y preocupación.
—Necesito ver a Jud.
William se interpone en mi camino, bloqueando mi avance