Mía
James, con su apetito insaciable, termina su bocadillo en apenas unos bocados, lo miro con una sonrisa divertida y me levanto para preparar otro.
—¿Cómo puedes tener siempre tanta hambre? —alzo la voz desde la cocina mientras cojo el jamón serrano.
—Es que todo sabe mejor contigo.
Regreso a la cama con otro bocadillo, y juntos nos reímos de su apetito. En ese instante, James, toma mi mano, y murmura:
—Mía, no sé cómo explicarlo, pero cada día que pasa te quiero más. Necesito hacerte la pr