El tío de Adrián se llamaba Ernesto Valente y llevaba doce años viviendo en la misma ciudad sin que nadie de la familia, que yo supiera, lo mencionara.
Me lo explicó esa madrugada, sentados en el despacho con el análisis entre los dos y la ciudad afuera empezando a clarear por el este.
Ernesto Valente había sido el segundo de la Corporación original, el que gestionaba las relaciones comerciales mientras el padre de Adrián llevaba la parte financiera. Cuando la falsificación de Rafael Martínez h