Iker se sentía más que deprimido. Él había intentado cancelar aquella absurda boda sin éxito alguno y las sugerencias que le habían dado para lograrlo tampoco habían servido.
Alondra le había pedido dirigirse a una dirección y debido a su insistencia había confirmado su presencia en ese lugar.
La joven enamorada había planeado, con ayuda de una de sus futuras damas de honor, tener un atardecer romántico y pasional con su futuro esposo. Le habían dicho que el sexo era muy efectivo para enloque