Salvador había llegado a su trabajo con una sonrisa en los labios. Le habían enseñado desde pequeño a ayudar al prójimo y el acababa de hacer una buena acción al salvar a dos damiselas en apuros. Eran mujeres muy bellas y él comprendía perfectamente cómo los imbéciles que golpeó habían fijado su atención en ellas. Lo que no aprobaba era el modo de acercarse. Eran las mujeres más bellas del centro comercial, ¿Cómo no mirarlas?
-Tal vez algún día volveremos a vernos- Dijo para si mismo antes de