Cuando Audrey y Salvador se fueron, Iker salió muy molesto del que sería su club. Estaba ardiendo de celos, de envidia. Él quería ser ese hombre, el deseaba volver a sentir sus labios moviéndose sobre los suyos, la suavidad de su piel sobre su cuerpo desnudo. Maldición, quería volver a tenerla y culminar aquello que por su cobardía había quedado inconcluso. Lamentablemente para él, ser infiel afectaría a su familia y además Audrey no merecía ser la amante en la vida de nadie.
Al día siguiente y