Mundo ficciónIniciar sesiónAaron é filho do CEO de uma casa noturna de luxo, muito famosa no país, e sendo um cafajeste de primeira, ele curte as noites na boate sem se apegar a ninguém. Mas a chegada da nova garota da casa o deixará com os sentimentos confusos, pois além dela não ceder ao seu charme, ele descobre que Luna tem levado uma vida dupla, onde de dia ela é professora de seu irmão mais novo, Joseph e a noite uma dançarina na boate de seu pai. E ele vai fazer de tudo nesses dois mundos, para conseguir levá-la para sua cama.
Leer másEl calor de Los Cabos no era nada comparado con el incendio que Renata llevaba por dentro.
Dos margaritas y un shot de tequila. Esa había sido su dosis de valor para cruzar el pasillo de mármol de la Suite Imperial.
Aunque sabía que lo que haría estaba mal, estaba un poco achispada y eso no la dejaba pensar con claridad. Pese a que una parte de ella sabía que era una locura. También sabía que la relación entre Bruno Ávalos y su esposa no estaba bien y que en ese momento él estaba solo en la terraza, porque su esposa y Camila, su mejor amiga, la hija de él, no regresarían hasta dentro de tres horas.
Renata empujó la puerta corrediza de cristal. El aire acondicionado de la sala chocó con la brisa salada del exterior. Allí estaba él. Bruno.
El "Tiburón de Reforma". El hombre que construía rascacielos en Ciudad de México pero que no lograba construir un hogar feliz.
Estaba de espaldas, con una camisa de lino blanca arremangada hasta los codos, sosteniendo un vaso de whisky como si quisiera romperlo.
Renata se aclaró la garganta. El sonido salió pastoso.
Bruno giró la cabeza. Sus ojos oscuros, habitualmente fríos y calculadores, la escanearon de arriba abajo. Renata llevaba solo una salida de baño de encaje sobre el bikini. No dejaba nada a la imaginación.
—Renata —dijo él. Su voz era grave, autoritaria—. Pensé que estabas con las chicas.
—Me dolía la cabeza —mintió ella, acercándose. Sus pies descalzos no hacían ruido—. Preferí quedarme.
—Deberías ir a recostarte, entonces.
Bruno volvió a mirar al mar, dándole la espalda. Un gesto de desdén que a Renata le dolió más que una bofetada.
El alcohol en su sangre le gritó que no se rindiera. Llevaba dos años enamorada de él en silencio, viéndolo sufrir en un matrimonio de apariencias, donde era evidente que ninguno se amaba y notando cómo él la miraba cuando creía que nadie se daba cuenta.
—No quiero recostarme sola, Bruno.
El silencio que siguió fue denso.
Bruno dejó el vaso sobre la baranda con un golpe seco y se giró lentamente.
—¿Qué dijiste?
Renata acortó la distancia. El corazón le martillaba contra las costillas.
—Dije que sé que no eres feliz con Lourdes. Que ese matrimonio está roto y que quieres divorciarte. Y Veo que me deseas Bruno. Que te estás ahogando en esa relación... y yo puedo ser tu aire. Yo puedo ocupar su lugar. Ella no va a estorbarnos.
Ella estiró la mano y tocó su pecho. La piel de él ardía bajo el lino.
Por un segundo, solo un maldito segundo, Bruno no se movió. De hecho, luchó con el deseo que se agitaba en su interior. Porque lo peor es que ella tenia razón en cada palabra que había pronunciado.
Renata vio cómo sus pupilas se dilataban. Vio el deseo crudo, animal, peleando con la razón. Envalentonada, se alzó de puntillas e intentó besarlo.
Fue un error.
Bruno la sujetó por las muñecas con una fuerza que casi le hizo daño y la apartó de un empujón violento.
Renata tropezó, cayendo sobre uno de los sofás de mimbre de la terraza.
—¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Te volviste loca?! —bramó él.
—Bruno, yo... —Renata sintió que las lágrimas picaban en sus ojos.
La vergüenza empezaba a ganarle al alcohol.
—¡Eres una niña, Renata! —le gritó, señalándola con un dedo acusador—. ¡Eres la mejor amiga de mi hija! ¡Podría ser tu padre, por Dios! ¿Tienes idea del asco que me da que te insinúes así?
—¡MENTIRA! ¡No te doy asco! —gritó ella, poniéndose de pie, tambaleándose—. ¡Sé cómo me miras!
—Te miro con lástima —mintió él, implacable, buscando herirla para alejarla, porque por más que su matrimonio estuviera a punto de romperse, él no podía hacer eso —. Ahora, lárgate de mi vista. Vete a tu habitación y no salgas hasta que se te pase la borrachera. Y ni se te ocurra, ni por un segundo, pensar que esto volverá a pasar.
Bruno pasó por su lado, entrando a la suite y azotando la puerta principal de la suite.
Renata se quedó sola en la terraza, humillada, con el maquillaje corrido y el orgullo hecho pedazos.
No quería ver a nadie. No podía enfrentar a Camila después de esto.
Corrió hacia la tercera habitación de la suite, donde ella se estaba quedando. Se lanzó a la cama y enterró la cara en la almohada para ahogar los sollozos. El llanto y el tequila hicieron su efecto rápido. En menos de veinte minutos, cayó en un sueño profundo y negro.
No escuchó cuando la puerta principal de la suite se abrió una hora después. No escuchó el tarareo alegre de Lourdes entrando con bolsas de compras.
Tampoco escuchó los pasos sigilosos de la sombra que entró después de ella.
*****
Renata despertó de golpe. No supo qué hora era. La habitación estaba en penumbra.
Tenía la boca seca y la cabeza le palpitaba.
Algo la había despertado. ¿Un grito?
Se sentó en la cama, desorientada.
—¿Bruno? —llamó en voz baja.
Nadie respondió, pero escuchó algo más. Un rugido. Un aullido desgarrador que venía de la sala. No parecía humano.
Renata se levantó, mareada, y abrió la puerta de su cuarto.
La suite estaba vacía, pero las cortinas del balcón volaban violentamente por el viento de la noche.
Caminó hacia allá, con un mal presentimiento helándole la sangre.
Al llegar al umbral de la terraza, vio a Bruno.
Estaba de rodillas, aferrado a los barrotes del barandal, mirando hacia abajo. Su cuerpo entero temblaba como si tuviera convulsiones.
—¿Bruno? —preguntó ella, asustada.
Él se giró.
Renata retrocedió un paso. Nunca había visto una cara así. Estaba pálido, cadavérico, con los ojos inyectados en sangre y la boca abierta en una mueca de horror absoluto.
—Ella... —susurró Bruno, con la voz rota—. Lourdes...
Renata corrió al barandal y miró hacia abajo.
El mundo se detuvo.
Siete pisos abajo, sobre las rocas decorativas de la piscina vacía que estaban remodelando, yacía el cuerpo de Lourdes. Estaba en una posición antinatural, como una muñeca rota. Un charco oscuro comenzaba a expandirse bajo su cabeza, brillando bajo las luces del jardín.
—¡No! —El grito se le escapó a Renata, llevándose las manos a la boca.
Bruno se puso de pie lentamente. No miraba el cuerpo. Miraba a Renata.
Su expresión cambió. El dolor se transformó en algo mucho más peligroso. Una frialdad letal.
—Tú... —dijo él.
—Bruno, yo... me quedé dormida... no escuché nada... —balbuceó Renata, temblando.
Bruno avanzó hacia ella como un depredador. La acorraló contra el vidrio.
—¿Dormida? —escupió la palabra—. Hace unas horas me dijiste que ella estorbaba. Me dijiste que querías su lugar.
—¡No! ¡Yo no quise decir eso! —Renata lloraba histéricamente—. ¡Fue el alcohol!
—¡Mientes! —Bruno la agarró por los hombros y la sacudió con violencia—. ¡Estabas aquí! ¡Eras la única que estaba aquí! ¿Qué hiciste, Renata? ¿La empujaste? ¿La esperaste para matarla?
—¡Te juro que no! ¡Yo estaba en mi cuarto!
—¡La mataste para quedarte conmigo! —gritó él, fuera de sí, mezclando su propia culpa con una acusación delirante—. ¡Me distrajiste con tu juego sucio de seducción para esto! ¡Es tu culpa!
Golpes en la puerta principal.
—¡Seguridad! ¡Abran la puerta!
Bruno no la soltó. Sus dedos se clavaron en la piel de ella, marcándola.
—Escúchame bien, niña —susurró, con un tono que prometía el infierno—. Si fuiste tú, te voy a destruir. Voy a hacer que desees haberte lanzado tú también por ese balcón.
La puerta de la suite se abrió de golpe. Entraron dos guardias de seguridad y, detrás de ellos, una Camila pálida que venía corriendo desde el lobby.
—¡Mamá! —gritó Camila.
Bruno soltó a Renata como si quemara. La chica cayó al suelo, sollozando, mientras veía cómo la vida que conocía se desmoronaba. Lourdes estaba muerta. Y a los ojos del único hombre que amaba, ella era la asesina.
Pero la noche apenas empezaba. Y el dolor, a veces, es el afrodisíaco más retorcido de todos.
Eles ficaram juntos, casaram pra todo mundo ver e Camila tomou no cu.Beijo no coração e até a próxima.[...]Gostaram da vingança da Luna?Eu gostei. ❤Então, quero falar algumas coisas antes de dizer até logo.1° — Sim, o capítulo um é bem hot. Quem não pensou que a história era sobre o Aaron e a Camila levanta o dedo.2° — Quem é tia Karen?3° — Que porra de bulliyng é esse que fez vocês deixarem 60 comentários no capítulo 15 rindo da streapse do Aaron?! Ficou bem original! (wattpad)4° — Joseph sumiu porque a outra mulher do pai dele mandou ele pra um internato quando o velho tava doente. Depois ele reapareceu.5° — Justin não foi atrás da Luna porque ele tava na mira da máfia. Senão teria sido morto.6° — No fim do capítulo final parte 2 eu pensei num final alternativo onde quando a Luna beijava o Aaron no palco ele acordava de um sonho depois de uma noite de sofrimento por causa da morte da Luna. Que maldade!7° — Não tem continuação.8° — Vocês já me seguem? Me siga! Meu instag
Camila acordou com uma terrível dor de cabeça e muito frio. Estava escuro, muito escuro. Mas tinha uma vela e dois palitos de fósforo perto dela. Quando ela sentiu eles, logo sentou-se pra ascender a vela. Conseguiu de primeira. Sua sorte. Se enrolou no cobertor e olhou ao seu redor.Ela agora viu que estava numa casa velha, deitada no chão. Seu corpo ainda estava nu. Pois os comparsas de "Alice" a pegaram na boate, enquanto ela assistia a apresentação.Era a mesma casa velha que ela tinha mandando deixar a Luna."Filha da puta!" — ela pensou com raiva. Então era verdade, Luna tinha sobrevivido. Isso não estava nos planos da Camila.Ela então viu um embrulho amadeirado no chão. E o pegou. Ao abrir tirou algumas folhas escritas. Ela encostou a vela próximo aos papéis e começou a ler. Sorte que as letras eram grandes pra aquela escuridão.Querida Camila,Sim, sou eu, Luna. Aquela mesma que você deixou pra morrer num casebre no meio da neve. Aliás, você está nesse mesmo lugar agora.Que
AaronSentamos numas cadeiras um pouco distante. Mas tem o corredor livre pra caminhar. Tô animado. O Peter veio. Ele é tão certinho. Quero ver sua cara.— Pronto pro show? — pergunto a ele.— Tão pronto quanto você, Aaron. — ele disse confiante e eu ri.— Oi, Aaron. — Camila toca meu ombro. — Vou ficar aqui atrás, pra quando você encher o saco dessas danças amadoras vir comigo ver uma profissional. — cochichou em meu ouvido.Uma puta como sempre.— ATENÇÃO, AGORA O SHOW VAI COMEÇAR COM A NOSSA NOVA STRIPPER: ALICE.Nova?! Olha, a equipe tá crescendo.— Alice é nome de mulher quietinha que tem um vulcão no entre pernas. — cochicho pro Peter.— Você não vale nada, Aaron. — ri.As luzes se apagaram, e a luz da parede branca ligou. Tem alguém atrás dela. Mas não dá pra admirar suas curvas, ela deve estar com algum roupão por cima.Uma batida começa. Ela se mexe e derruba o roupão.Puta merda! Que silhueta gostosa!— Me desculpe se eu pareço desinteressadaOu eu não estou escutando 'ou eu
Aviso de extrema hiper mega super importância:Nesse capítulo você tem que ouvir Dangerous Woman.No próximo capítulo vocês tem que dar o play na música Here. . Se você não ouvir, não vai sentir o que eu senti e não vai pirar como pirei.Aproveitem suas safadas!!!![...]Luna— Alô?— Alô. Quem fala?— Alice. Lembra? Aquela que se perdeu no meio da neve.— Humm. Sim. Já fiz o que você pediu viu.— Tirou tudo?— Sim.— Reforçou tudo?— Sim. Tudo reforçado.— Ótimo. Você pega a encomenda naquele lugar combinado. Obrigada.— De nada, querida.— Tchau. — sorrio e desligo.Entro na confeitaria com meus óculos no rosto e um boné. Se lembram do meu rosto dos jornais não vão me reconhecer.— Bom dia. Vocês tem papel de arroz?— Sim. Temos. Quantas folhas?— Quero 3.— Nossa! O que vai fazer com três folhas de arroz? — pergunta sorrindo.Enxerida.— Tô aprendendo a confeitar. E é o aniversário do meu irmão. Então não quero fazer feio.— Só precisa manter numa temperatura boa. E lembre-se que d
— Não faz isso não. Sério! Você é doida. — Peter tá se contorcendo agoniado na poltrona enquanto corto meus próprios cabelos.— Relaxa. Eu já fiz isso várias vezes. — corto uma franja.— Você é doida... Eu vou sair daqui. — levantou quando a campainha tocou.Nos olhamos.Pela primeira vez desde que estou aqui aconteceu isso. Ninguém veio aqui essa semana toda.Ele não abriu. Olhou pelo olho mágico.— Não surta. Mas é o Aaron. — cochichou pra mim e meu coração imediatamente ganhou um novo ritmo. Mais acelerado. Como o som de uma have. O Aaron tá aqui. O que eu faço? — Se esconde! — me apressou quando ele tocou novamente a campainha.— E os cabelos no chão? — olhei pra meus pés.— Junta rápido e coloca numa bolsa. Sei lá. Não joga no lixeiro.Junto tudo rapidamente e coloco na minha blusa. Que péssima ideia.Saio do banheiro e subo pro sótão. Fico encostada na porta, quero ouvi-lo. Deixo a porta entreaberta. Eu também quero vê-lo.Peter abriu a porta e o Aaron entrou sorrindo.Meu Aaron
LunaNão acredito que é o Peter quem tá desmaiado na minha frente.— Porque ele tá assim? — uma das senhoras pergunta.— Ele não esperava me ver. — sento perto dele. Quando ele desmaiou, algumas pessoas o levaram pra uma casa e deitaram ele numa cama. Coitado. Imagino que ele deve ter se assustado porpensar que sou uma assombração.— Ele tá acordando. — elas reparam.Quando ele abre os olhos e me vê de novo grita como um louco desesperado. Todas as pessoas se assustam com sua reação.— Tudo bem. Vocês podem me deixar a sós com ele? — peço enquanto ele ainda tá parecendo um doido e todos saem. — Eu tô viva Peter. Relaxa.— Viva? É você mesmo, Luna? Aquela Luna nutricionista? — esconde a boca com as mãos. Assinto. — Você não tinha morrido carbonizada?— Vejo que você conhece a história. — dou um leve sorriso lamentável. — Não, eu não morri.Ele se acalma mais um pouco e senta na cama ainda atônito.— O que você faz aqui? O que aconteceu, Luna? Me conta tudo. Por favor, senão eu vou enl





Último capítulo