El corazón de Kylie latía desbocado, sus respiraciones siguiendo el mismo ritmo frenético.
Poco a poco, empujó todos los dispositivos electrónicos del escritorio hasta esconderlos detrás de su cuerpo. Al menos ya no se veían; era lo mejor que podía hacer en ese momento. Rezó en silencio para que el hombre frente a ella no hubiera visto nada. Pero cuando alzó la vista y sus miradas se cruzaron, lo supo: sí lo había visto.
No había forma de que los ojos de ese tigre se perdieran un detalle.
—¡Mué