Dentro del coche, Damian Alexander permanecía en silencio, sus ojos afilados observando a través de la ventanilla polarizada.
Las calles que llevaban al Lago Verde estaban llenas de gente que saludaba, sonreía y tomaba fotos—rostros iluminados de alegría ante la oportunidad de presenciar la inauguración del nuevo tesoro de la ciudad.
Damian observaba en silencio, absorbiendo cada detalle.
—Debe sentirse incómodo, joven amo. Lo lamento —dijo Brown, su leal asistente, lanzándole una mirada desde