La noche del cumpleaños de su suegra—cuando Livia desapareció misteriosamente—marcó un cambio silencioso pero decisivo en su relación con Damian.
Él había cambiado.
No por completo. Pero lo suficiente.
Ahora, Damian a menudo la llamaba con apodos cariñosos. Ya no le gritaba tanto. Rara vez le tocaba la frente con irritación como antes. A veces—solo a veces—hasta hablaban como personas normales.
Su relación aún no podía llamarse “natural”. Pero al menos, ya no era tan insoportable como antes.
Ha