La palabra “cariño” salió de los labios de Damian con una entonación deliberadamente exagerada, cargada de burla.
Era un recordatorio.
Un escalofriante recordatorio de la noche anterior.
Cuando Livia le había gritado que la llamara así.
Un estremecimiento recorrió su espalda. Le recorrió la piel un hormigueo.
La manera en que lo decía ahora—no era dulce. Era aterradora.
—¿Quieres ver el resultado de tu “buena enseñanza” de anoche? —preguntó Damian con frialdad.
Desató la toalla que tenía alrede