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Damian se acercó a Livia.

La muchacha se quedó paralizada, mirándolo con incredulidad. ¿De verdad el hombre que avanzaba hacia ella era… Damian?

Pero al ver al asistente Brown detrás de él, lo supo con certeza: sin duda, era el señor Damian.

—Solo he venido a ver a mi esposa —dijo sin titubear. Luego pasó un brazo por los hombros de Livia y le besó la mejilla izquierda.

Un murmullo de asombro recorrió la sala. Livia se estremeció, sobresaltada.

—Ca… cariño… —balbuceó, con los ojos muy abiertos.
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