¡Crank!
El vaso se hizo añicos en mil pedazos, esparciéndose bajo la mesa y contra la pared donde había impactado segundos antes.
El hombre que Brown había asignado para vigilar a Livia se encontraba justo en el lugar donde había caído el vaso. Sus manos temblaban ligeramente, pero no se movió de su sitio.
Enviar a alguien a espiarla había sido la decisión correcta. Brown lo había predicho todo: Helena no era alguien que se rindiera fácilmente.
Cuando terminó la grabación del audio de aquella c