Rutina matutina, como siempre.
Livia acompañó a Damian hasta el coche, igual que todos los días. El asistente Brown ya la esperaba, de pie junto a la puerta, abriéndola con la precisión de un reloj.
Mientras el auto se ponía en marcha, Damian levantó la mano izquierda y saludó distraídamente por la ventana.
Livia se quedó inmóvil, observando hasta que el coche desapareció por la puerta principal. Sus ojos se elevaron al cielo, donde una bandada de aves surcaba el aire libremente, danzando con l