El señor Matt seguía de pie, esperando órdenes.
—Señor Matt, tómese el día libre —dijo Damian sin girarse—. No quiero ver a nadie en la residencia principal hoy. Que se queden los guardias de turno. Déle el día libre a las sirvientas.
—Entendido, joven amo —respondió el señor Matt con una leve inclinación.
Una sombra de tristeza cruzó su rostro. Una vez más, le tocaba presenciar cómo su joven amo se hundía en el dolor… igual que cada año en esta fecha.
—Brown, sígueme —ordenó Damian, alejándose