Sucedió la tarde después de la inauguración del Lago Verde—un día que se suponía debía brillar de alegría, pero que terminó en desconsuelo para una hermosa pintora llamada Helena.
Un coche se detuvo a cierta distancia de la multitud reunida cerca del Lago Verde. El tráfico fluía con relativa calma: el bullicio habitual de trabajadores de fin de semana y familias deseosas de pasar tiempo al aire libre. Todo parecía bajo control.
Dentro del coche, las manos de Helena temblaban sobre el volante. S