Cristina respiraba con dificultad, incapaz de completar una frase.
—No... no...
El timbre del teléfono sonó, rompiendo la atmósfera íntima.
—El teléfono... el teléfono...
Era como si hubiera encontrado una tabla de salvación. Cristina movió la cintura, intentando escapar de la embestida de Paolo.
—No voy a contestar, nada es más importante que esto. —Él aceleró sus movimientos.
Ella suspiró con resignación, mientras su cuerpo se adaptaba al ritmo cada vez más rápido. El timbre cesó por un momento, pero volvió a sonar menos de medio minuto después.
—Joven... conteste, por favor, podría ser importante...
Cristina arrugó la frente; sentía que su cuerpo ya no podía soportar esa intensidad.
Paolo arrugó la frente y chasqueó la lengua. ¿Quién se atrevía a molestar a esas horas? Gruñó antes de hablar.
—¿En serio quieres que conteste?
Ella dudó un instante antes de responder despacio.
—Conteste... Joven, tal vez sea una emergencia.
Años después, Cristina recordaría esta escena. Si en ese mome