Genaro se alteraba más con cada palabra que salía de su boca. Sus ojos, llenos de una intensidad oscura y siniestra, mostraban unas venas rojas que ardían como fuego mientras clavaba la vista en Susan. Sin darse cuenta, la fuerza con la que apretaba sus dedos fue en aumento.
Para Susan, era la primera vez que lo escuchaba hablar tanto. Solo sentía un zumbido ensordecedor en su cabeza y un dolor agudo en los hombros donde él la sujetaba. Finalmente, no pudo soportarlo más y habló.
—¡Genaro, me l