Tragó saliva con dificultad y se llevó una mano al pecho, sintiendo las pulsaciones aceleradas. De pronto, se dio cuenta de que nunca se había detenido a observar su propia intimidad con tanto detalle; sintió que la sangre se le subía a la cabeza.
Ver cómo el hombre en la pantalla exploraba cada centímetro del cuerpo de la mujer, mientras él la movía a su antojo y la colocaba en todo tipo de posturas como si fuera una muñeca, hacía que la cara de Cristina se encendiera una y otra vez.
Al escuch