94. Luna de miel en familia
A la mañana siguiente de nuestra boda, Adrian y yo amanecemos abrazados, levanto mi cabeza de su pecho y sonrió al ver que ya está despierto observándome, —Te ves tan hermosa cuando duermes, me encanta.
—La verdad es que me llenas de serenidad, no pude dormir prácticamente nada la noche anterior, no conciliaba el sueño y cuando lo hice porque me venció el cansancio me desperté muchas veces.
—¿Estabas inquieta?
—Tal vez, las niñas estaban un poco llorosas porque las acostumbraste a dormirlas en