Mundo de ficçãoIniciar sessãoTodavía no eran las seis de la mañana cuando una mancha negra con franjas calipso se desplazaba por el monótono verdor del jardín de los Sarkovs. Era Samantha, corriendo. Los hábitos madrugadores de su jefe se le habían pegado en estos días que pasaron juntos y el ejercicio matinal la ayudaba a mantenerse de buen ánimo. Imaginó que él estaría duchándose o cepillándose sus perfectos dientes, o escribiendo quién sabía qué en su teléfono.
Se detuvo fuera de su ventana.







