Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa alarma sonó. La fina mano de Anya salió de entre las sábanas y la silenció. Miró el lado vacío de su enorme y fría cama y suspiró. Siempre era lo mismo.
Se dio una larga ducha. Secó su cabello sentada en su tocador, mirando el paso del tiempo en el espejo. Del fondo del clóset sacó un vestido negro. Lo dejó sobre la cama y bajó a desayunar.
—Hoy seremos sólo nosotros dos, Ingen —le dijo al pequeño cuando se sentó junto a ella en la gran mesa.







