Capítulo 31. No puedes creerle a esa mujer.
William
Dudé por más de media hora qué hacer, mientras empezaban a doler mis manos por tantos golpes que le había dado al volante, como si esto fuera a desaparecer la gran tristeza que sentía en lo más profundo de mi ser. Debía confrontar a mi madre, pero aún no podía entender, en mi cabeza no cabía el cómo ella había sido capaz de semejante atrocidad.
Jamás pensé que tendría que tener que enfrentarme a ella por algo como esto, ni siquiera hubiese sido capaz de creer que le era infiel a mi pa