—¿Bebé, estás bien? —Kylie tocó suavemente la muñeca de Brown. Estaba roja y adolorida, aunque no sangraba—. Eso debe haber dolido.
Brown se inclinó, bajando la voz cerca de su oído. —Prometiste no protegerme con tu cuerpo otra vez.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kylie. Al mirarlo nerviosa, Brown sonreía… a su madre. La misma sonrisa que había mostrado aquella noche.
‘¡Mamá, para! ¡Mi corazón va a estallar!’
—Lo siento, señora —dijo Brown con calma—. No quise romper su escoba antes. Solo