—No me grites, niña —ordena, como siempre lo hace —. Prefiero morir haciendo lo que más me gusta y antes de lo pautado a quedarme sentada todos los días de mi vida en una silla mirando al horizonte sin hacer nada productivo.
—Nos dejarás solas.
—Se tienen la una a la otra.
—Eso no es así —refuto —. Somos nosotras tres, siempre hemos sido las tres.
—No, Sherlly, comenzó un conteo y ya no hay vuelta atrás, falta poco para que la bomba explote y se decida lo que se tenga que decidir.
—¿De qué habl