—No tendrás herederos... —su voz se parte al hablar y se acurruca en su asiento. Pone los talones de sus pies sobre la encimera de su silla y las rodillas pegan de su pecho, quedando como soporte para que su rostro se esconda entre ellas. Me causa ternura, en medio de la impotencia que siento, el hecho de ella se preocupe por el hecho de que no tendré herederos más que el que fuese dañada, y que fuese justamente la mujer que debía cuidar de ella y tratarla como a una hija quien lo hiciera.
—Me