No dejo de mirarla ni un instante. La manera en la que camina hacia el estrado con su mentón en alto, su aura maligna y al mismo tiempo envolvente, te hechiza aun cuando no pretende hacerlo, se roba por completo tu aliento, aun cuando intentas controlarte y serle indiferente.
Hace el juramento de no mentir y nuestras miradas se cruzan antes de que se siente en su lugar correspondiente. Me enderezo y esta vez no tengo que actuar el haber caído por ella, porque es así.
—Comencé de infiltrada. —e