Había despertado un poco adolorida en las caderas. Mi cuerpo aún recordaba las intensas horas de la noche anterior, pero no podía evitar sonreír al recordar cada momento. Miré a mi lado, y allí estaba él, profundamente dormido. Su cabello alborotado se veía desordenado, pero de alguna forma, aún se veía malditamente perfecto a mis ojos. Respiraba tranquilo, como si el mundo entero no tuviera nada que ver con él en ese instante.
Me deslicé de la cama lentamente, con cuidado de no despertarlo. L