Tras mi conversación con Bechet, la seguridad de Adeus y su hermano quedó completamente asegurada. No escatimé en precauciones. Le pedí que pusiera a sus mejores hombres a cargo, asegurándome de que fueran los más leales y eficientes. La orden es clara: vigilancia las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, sin margen de error.
Si salen de casa, los seguirán. No habrá excepciones. Solo si Adeus está conmigo y yo hago la señal acordada, las “aves” se retirarán y nos dejarán solos