Por Ivana
Entramos a la suite nupcial, era inmensa, delicada, la cama era enorme, con sábanas blancas, un ventanal espectacular, desde donde se veía gran parte de la ciudad, había un sillón con una forma rebuscada, en tonos ocre y blanco, la alfombra era mullida y también en color ocre, todo en composé e imponente, me encantó.
Era romántico y un poco sexi, no sexi como los hoteles alojamientos donde vas a pasar un par de horas.
Esta habitación tenía glamour.
Tampoco tuve tiempo de verla con más