Andrés comprendió.
Esta vez, su sonrisa fue más profunda que nunca.
La sonrisa de Andrés dejó a Mónica momentáneamente absorta.
Resultó ser luminosa y transparente, como el rocío más puro del bosque a principios de otoño.
Fresca, pero cargada de esperanza.
Andrés retiró suavemente la sonrisa:
—Te haré caso. Tú decides, yo me encargo.
"Te haré caso..."
Esto le recordó a Mónica el vuelo de regreso al país, cuando Eduardo, sentado en la fila delantera, complacía en todo a Valeria.
¿Acaso ahora ell