Bajó la mirada.
Al final, los hombres no eran gran cosa... y él mismo era la prueba.
Pero Sebastián ya había visto con claridad la situación y se arrepentía profundamente. Quería intentar recuperar a Valeria, aunque las probabilidades fueran mínimas.
Después de hundirse durante tanto tiempo, ya era hora de levantarse.
Sebastián habló:
—Mónica, no sigas con esta farsa, pretendiendo ser la inocente. Si una persona dice que eres mala, quizá sea prejuicio. ¿Pero que lo hagan tres... también lo es?
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