Mónica interrumpió su acción de romper cosas y miró a su padre.
La emoción en sus ojos era sombría, como si una niebla negra girara en ellos, imposible de disipar, con una peligrosa hostilidad latiendo debajo.
—¿Qué? —replicó con voz ronca.
El Señor Flores se sorprendió por su aspecto y frunció el ceño.
—Mira cómo estás. Cuando tienes tiempo libre, bebes en exceso; si estás de mal humor, rompes cosas. No te queda ni una pizca del porte de una señorita decente. ¡Has roto tantas cosas! ¿Crees que