Al pensarlo, Sebastián avanzó unos pasos y, manteniendo una distancia de unos metros, llamó,
—Valeria.
Todas las miradas se giraron hacia ellos.
Sin quererlo, la mirada de Sebastián se cruzó con la de Eduardo, serena pero con una sonrisa apenas perceptible。
Esa alerta y hostilidad que solo surge entre hombres le golpeó el pecho.
Héctor fue el primero en romper el silencio,
—Señor Castro también ha venido, qué coincidencia.
¿Coincidencia?
Cada vez que el Corporativo Jiménez ponía el ojo en un pro