Aunque tuvieron que apurarse para comer rápido por la próxima reunión, pocas veces dejaron de hablar y reír, confirmándole a Cristina como si aún hiciese falta que le encantaba la compañía de Juan. Le recordaba bastante a una mezcla entre los principales protagonistas de libros que solía leer hace años, poseía un pequeño lado sarcástico y sonrisa problemática del típico chico malo de novela juvenil, pero para nada era borde o fumaba para hacerse el interesante y rompecorazones con pasado turbio