No supo si acababa de llegar o había estado esperando para hacer una entrada triunfal, el caso era que Héctor entró a paso forzado, recalcando cada pisada por el estrecho pasillo central acomodándose la chaqueta y las mangas, dejando ver aposta un reloj sumamente brillante y grande que cuando reflejaba la luz se convertía en un digno rival de un faro.
-No te pago para que hables con el enemigo - bramó Héctor poniéndose al lado de su abogado, mirando a Nore como si tuviese cuchillas en los