Kenneth.
Sostengo a Lauren en mis brazos en el sillón de la sala de televisión mientras vemos cómo las enfermeras se llevan a los pacientes a terapia. La señora Laura no me ha quitado la mirada de encima, y también he podido ver su nostalgia por el estado de Lauren, aunque mi chica se haga la fuerte.
En cuanto perdemos a Laura de vista, Lauren se aferra más a mi pecho. Entonces sé que, con el descubrimiento en la libreta de su madre, tengo que decirle la verdad.
—Cariño, mírame —le pido, y ella