26. Seré solo suya.
— Nunca.— Murmuró Ricardo en su oído, jamás va a verme la cara ni yo a usted. Aseguró muy convencido de lo que decía, porque tenía muy claro que seguiría manteniendo el anonimato.— La habitación está completamente insonorizada y tiene su propia entrada desde el aparcamiento, contrataré alguien que cuide de su hijo cuando la visite y le avisaré con tiempo, él jamás verá a un hombre en la casa.
Llevó dos dedos a su mentón y a pesar de no poder reconocerle con la máscara puesta, le hizo levantar e