24. Solo puedo acompañarla hasta aquí.
Ricardo releía el contrato que había redactado Julio, quién además de ser su hombre de confianza, también era abogado, aunque llevara varios años sin ejercer, le venía bien para tener claros todos los términos legales de sus peculiares actividades. Pero era más que eso, era su consejero, su protector, su amigo, alguien en quien podía confiar al cien por cien.
Decir que no se sentía algo perdido en ese momento, sería mentir, jamás había tenido la necesidad de ver a ninguna otra mujer tras sus se