El sudor resbalaba de su frente mientras levantaba aquellas pesas y enfocaba su vista hacia la nada. Todos sus pensamientos iban dirigidos hacia el mismo asunto: Isabella y Ferdinand, quienes no habían regresado a su departamento la noche anterior y, además, el mismo se encontraba fuertemente custodiado por algunos hombres que seguramente habían sido enviados por Joseph Harrington.
El tiempo seguía pasando veloz, tan veloz como un guepardo persiguiendo a su presa y el aun no lograba avance alg