Los cielos se hallaban despejados y el sol brillaba en lo alto como era de esperarse del cálido mediodía, sin embargo, Amaia Lemaitre se sentía furiosa, y su molestia no era aplacada por la belleza de aquel día.
Había visto a Joseph Harrington compartir aquel intimo momento con esa mujer desconocida, y su ira tan solo se iba incrementando con cada escenario imaginario que su mente dañada recreaba una y otra vez.
Hacia ya demasiados años que estaba enamorada perdidamente de ese hombre, y la idea