«¡Esto es una maldita tortura!, ¿¡Cómo carajo se le ocurre dejarme en este estado!?», grito internamente al verla caminar por la sala.
Tiene muchos días dejándome en este estado, desde que estuvimos aquella vez no hemos estado más juntos. Todo se ha basado en unos cuantos juegos previos, acompañados de besos que no hacen más que dejarme sumamente necesitado de más. Odio que haga esto, porque yo quedo como una espantosa erección que parece más bien una tienda de campaña en mis pantalones.
Por co