—Bailemos como la noche en la que nos conocimos —propone recostada en su pecho.
—¿Sin música? —recuerda.
—Si —dice en un suspiro de soñadora.
—No hay placer más grande que cumplir tus deseos princesa preciosa. —Besa nuevamente su cabeza, bailando de un lado a otro de forma lenta.
—Gracias. —Levanta su rostro—. Por todo. —Lo ve satisfecha.
—La noche aún no termina preciosa. —Ella lo ve confundida.
—¿A qué te refieres? —Él sonríe de forma cómplice.
—Subamos a la casa del árbol, te preparé algo pa