Capítulo 5. Cinco minutos.
No pude ver su mirada, ni él la mía, por las gafas de sol, pero estaba segura de que estaba igual de sorprendido que yo, se veía impecable y costoso, usando esa camisa blanca enrollada hasta los codos y con esos pantalones azules de vestir, usaba gafas de sol y el único accesorio que no le quedaba, era esa mujer que se sujetaba de su brazo.
—¡Papá ya viste quien está aquí!.
Yo sonreí y él tardó un poco en asimilar lo que pasaba, pero al final sonrió.
—Ya veo— dijo cuando llegó hasta nosotros.