CAPÍTULO - Bajo Presión
La oficina del jefe de policía olía a madera y café recién hecho. En una de las paredes colgaban placas de reconocimiento y una foto amarillenta del día que había asumido el cargo, hace ya casi cuarenta años. Ahora, con sus casi 65, el comisario Funes acariciaba la idea de la jubilación. Pero no se iría sin cerrar una última misión,debían desmantelar la red que había infectado la ciudad.
Frente a él estaban sentados dos de sus mejores hombres: Álvaro Méndez y Valen Mo